¿Quién te llama?

No son las cualidades personales, ni los dones, ni los talentos los que nos llaman al liderazgo (1ª Samuel 16:1-13). Lo importante es quién nos llama: Dios. Él no nos llama según lo que los hombres ven ni según lo que nosotros vemos. Ni siquiera por lo que hacemos o no hacemos. Dios nos busca porque tiene un plan con cada persona. Casi siempre, este comienza en un punto sencillo, poco reconocido.¿Quién te llama?

David fue llamado por Samuel cuando era un joven que cuidaba un rebaño de ovejas. Otros personajes de la Biblia tuvieron también un origen humilde. Piensa en Juan, Pedro y Santiago, rudos hombres de mar, dispuestos a dejar las redes para predicar el evangelio.

¡Qué decir de Samuel! Un niño desprendido de su familia para servir en el templo desde su más tierna infancia.

Juan el Bautista, fue apartado y creció en lugares desiertos. Daniel, aunque de procedencia noble, sufrió la deportación a Babilonia y se enfrentó desde jovencito a una sociedad pagana. Ester, huérfana de padres, tuvo que descubrir el plan amoroso de Dios para su vida en un mundo machista. Moisés, separado de su familia también en su infancia, creció durante cuarenta años en el lujo de la corte egipcia para después pasar otros cuarenta cuidando ovejas, y otros cuarenta sirviendo a un pueblo terco, Israel.

La lista es interminable. Y quizá, deberíamos añadir nuestros nombres, el tuyo y el mío, porque no somos nosotros personas sabias ni poderosas. Más bien débiles en muchas ocasiones. Algunos padecen enfermedad, otros pobreza, otros están alejados de sus seres queridos. También están los que han sufrido el desgarro familiar.

Pero es ahí, desde ese lugar humilde, desde donde nos llama el Señor y nos dice, “cuento contigo”, no temas, mi poder se perfecciona en tu debilidad. Recuerda que lo importante no es quién eres, sino quién te llama.

¿Quién te llama?Cuando escuchamos la voz de Dios, y le obedecemos nuestra verdadera identidad sale a flote. Israel sufrió una crisis de identidad (1ª Samuel 8). El pueblo no recuerda de dónde viene y, en consecuencia, no sabe a dónde va. Ha olvidado la promesa que Dios le dio en Éxodo 19:4-6 o en Deuteronomio 7:6-8. La Biblia no se contradice, y así, en el Nuevo Testamento, Pedro recuerda «Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1ª Pedro 2:9 RVR1960).

Todos enfrentamos momentos difíciles. Israel estaba rodeado por sus enemigos. Viven un problema de inseguridad nacional. Samuel, escogido desde su infancia, llevaba años liderando a la nación, pero ya estaba mayor.

Los enemigos le generaban muchos problemas.

Dios no cambia, sigue buscando personas que sean conforme a su corazón, como Samuel. Pero el pueblo de Israel vive una etapa de enfriamiento espiritual y no busca agradar a Dios. Para empeorar las cosas, Samuel delega su autoridad en sus hijos, pero estos no la ejercen con integridad sino que pervierten sus costumbres.

En consecuencia, el pueblo busca una solución natural y toma la mala decisión de pedir un rey que les gobierne.

El pueblo pide un rey como el de las demás naciones, y Dios se lo da.

Todos podemos entrar en una crisis, pero hay dos claves que nos pueden ayudar a salir de la misma:

1) mira a tu alrededor y da gracias a Dios en todo; 2) practica el contentamiento, acepta el momento por el que pasas en tu vida. Espera en que Dios hará su obra.

La Biblia dice que nosotros estamos plenos en Cristo. Pero Israel no supo esperar el cumplimiento de la voluntad De Dios. Le exigimos a Dios en vez de esperar el cumplimiento de su voluntad.

La consecuencia la vemos en 1ª Samuel 13:13-14. «Jehová se ha buscado un hombre conforme a su corazón: David». Nuestra seguridad viene de Dios, él es el quien nos elige y nos llama; quién cuenta connosotros para sus propósitos.

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El Shaday

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