La iglesia que transformó el mundo

Con ese título, este fin de semana pasado, del viernes 27 al domingo 29 de septiembre, tuvimos nuestro retiro de iglesia anual en un centro de la localidad segoviana de San Rafael, a una hora apenas de nuestro local en Madrid. Aparte de celebrar el trigésimo cumpleaños de nuestra comunidad cristiana con una cenita especial de por medio, pudimos pasar tiempo juntos y disfrutar de risas y buenos momentos. 

Claro, la Palabra de Dios, la Biblia, tuvo un papel protagonista en este encuentro. A través de los primeros cuatro capítulos del libro de Hechos de los Apóstoles, reflexionamos acerca de la iglesia que soñamos, que queremos tener. Y es que soñar es posible, oiga, con Dios a nuestro lado.

Primeramente, el sábado por la mañana, Daniel Requena, pastor de la iglesia evangélica de Castelldefels, acompañado por su mujer Mayca Amador, nos mostró que la esencia para cambiar el mundo no es ni más ni menos que fijarnos en lo que Jesús ha hecho. Así, se detuvo en su sufrimiento, que le llevó a la muerte por todos nosotros, y en su resurrección. Nosotros no podemos obviar ese negarnos a nosotros mismos en favor de Dios y las personas ni dejar de proclamar esa gran verdad: ¡Jesús vive hoy! Pero, ¿cómo hacer nuestra esa esencia? Con una convicción profunda de vivir en los caminos del Señor, dejándonos guiar por Él, que nos acompaña.

En segundo lugar, ya el sábado por la tarde, avanzábamos y nos adentrábamos en las señales que transforman. ¿Cómo las vivió aquella primera iglesia de los tiempos bíblicos? Crecían juntos, invertían el tiempo juntos, se preocupaban por las personas, hablaban de Jesús y amaban a Dios. ¡No hay atajos! Esa receta sigue estando vigente para nosotros hoy, casi dos mil años después.

En la sesión final, llegaba un mensaje retador -¡por si acaso no lo hubiese sido suficiente ya en los primeros días!- que completaba el cuadro. Cuatro propósitos ineludibles:
-Atrévete a ser diferente. Solo así, podrás marcar la diferencia.
-Desarrolla una perspectiva del Reino de Dios. Sus valores son eternos, lo material es caduco.
-Obedece para que Dios pueda trabajar a través de ti.
-No te desanimes ni te des por vencido.

Después de cada conferencia, nos dividíamos por grupos y analizábamos cómo traer estas verdades a nuestra congregación de manera práctica. 

Gracias a Dios por el privilegio de poder pasar 3 días juntos, en plena naturaleza, y convivir como hermanos que somos en la fe. ¡La historia continúa!

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